Levantarme a las 7, cepillo de dientes, ducha rápida, vestirme volando. Después de comer unos huevos revueltos, o un sándwich o un cereal de granola con leche fría casi sin degustarlo por la prisa y la cotidianidad de esos sabores, salía a las 7:30 (a veces un poco más tarde por la pereza) de mi urbanización. Pasaba a pie por narayola, antillanas y una ferretería hasta la parada que queda frente a diga center. Se hacían las 8, yo aun en la parada revisaba constantemente el reloj un poco irritada por la idea de tener que irme sola cuando mi madre podría haberme llevado sin ningún problema. “solo le da fastidio”- “Claroo, cuando una crece creen que deben dejar de llevarte a los sitios”- “¿por qué carrizo no manejo?”- “no le importó, siempre habla de la inseguridad de las camioneticas y aquí me deja, ojalá me roben”, eran los superficiales pensamientos más comunes de mi mal humor mañanero cuando me pegaba el sol en la cara. Así me montaba en una camionetica con cara de pocos amigos cuando de repente empezaba con otra nueva línea de pensamientos: “y pensar que me voy a un pueblo a andar en lo mismo”, “qué bruta, debí quedar en la uni de aquí, ¿será que no estudie lo suficiente?”, “no quiero irme a vivir con gente que ni conozco, pero ya no puedo hacer nada ya me inscribí en esa piche uni. Pff” “Dios mío esa música de camioneteros” “¡Oye! ¡La cambio es ingles!, mejor”. Con cosas así en la mente iba yo en los buses intentando también recordar los tiempos verbales que había visto la clase pasada en el curso de inglés. Una hora completica me tomaba llegar de mi casa a la torre Sindoni debido a las “colitas” de Mcy solo para ver hora y media de curso.
Pase muchas mañanas en ese plan. Casa- curso-casa. Al mes ya no me quejaba tanto porque sentía que después de 3 meses mi cerebro por fin estaba aprendiendo una cosa nueva. Un idioma, a pesar de mi incapacidad para captarlo en 5 años de bachillerato.
Hoy en día, después de un año de todo aquello me encuentro en San Juan de los Morros. Voy a mitad del primer año de medicina, viviendo en una residencia estudiantil, donde muchas veces me falta el agua, mi cuarto da a una avenida, hogar de ruidos que no me dejan dormir bien la mayoría del tiempo. Sola. Sí: Sola.
Resulta que la residencia tiene una capacidad para 4 chamas más, hasta agosto fuimos 3, a estas alturas las otras 2 no han regresado y jamás en mi vida había pasado tanto tiempo acompañada de mis pensamientos. Se siente raro llegar y no encontrar a nadie a quien decirle “¡hola!” o comer con la compañía del silencio, No vale, no vayan a creer que me estoy volviendo loca ni nada por el estilo. Pero es interesante como nos hace falta sentir los pasos de alguien o su televisor prendido y saber que si no puedes dormir al otro cuarto hay otra persona que quizás también tiene insomnio, está viendo tv o está pegada a la pc mientras comiendo chucherías.
Pero para todos aquellos que creen que salir de sus casas y vivir solos es chévere, les digo que si lo es, comer lo que se te antoja, dormirte a la hora que te dé la gana sin preocuparte por el ruido de la música, no estar pendiente de si tu mamá te va a ver el cuarto desordenado es bastante cómodo diría yo, pero no es fácil. Se los cuento porque se de mucha gente que sale de su casa a otro estado solo por estudiar, por perseguir un sueño sin importar cuán lejos o cerca este de casa, sin darse cuenta que muchas veces esa distancia es de 18 horas para algunos . Bien yo tengo mi casa a dos horitas de aquí, siempre vuelvo los fines de semana y en el más extremo de los casos, mis padres que son unas personas maravillosas vendrían a buscarme si me enfermo. Pero ¿y ellos?, ¿quién viene a buscar a mi amigo el gocho si se enferma o se deprime?, ¿o a las que viven en Bolívar? Y no obstante a eso, solo viajan día de las madres, semana santa, o vacaciones de agosto y navidad.
No puedo hablar por todos. Hay gente que adora la soledad. Hay gente que está mejor por aquí que por allá. Hay gente que no le gusta su familia y viven más felices solos.
Hoy un día bastante deprimente. No tuve clases. Seria mentira decir que no tengo nada que hacer porque al solo voltear en esta habitación veo en pequeño montón de libros entre los que se encuentra el de anatomía que me recuerda que debo saber esófago, estómago, e intestinos para mañana pero la verdad es que no me provoca. Ya cocine. No tengo hambre, pintarme las uñas no significa gran vaina, de paso los colores que tengo aquí no me gustan. Intente salir, pero llueve, los truenos no son normales y no encontré mi paraguas. No me gusta mojarme.
Hago Café. No me lo tomo completo ya que no me gusta tanto. Estoy bastante cómoda, pero no evito sentir nostalgia. Qué curioso es como muchos queremos salir de nuestras casas y cuando ya estamos algo lejos queremos regresar. No es que no lo comprenda, tengo que crecer, no obstante aún sigo pensando. ¿Todos los días serán asi?, ¿En serio mi vida ha cambiado tanto?.
me gustó
ResponderEliminarGracias! pensé que nadie, nunca me habia leido! :D
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